En esta tercera carta quise enfocarme en un tema muy específico: la recuperación de Venezuela, pero desde una mirada del inversionista.

Después del 3 de enero, cuando ocurrió la salida de Maduro, he visto mucho contenido en redes sociales bastante optimista, hablando de oportunidades de inversión y de ese “nuevo futuro” del país. Incluso análisis en medios importantes proyectando crecimiento económico.

Y, a ver, por un lado es innegable que se están dando cambios positivos, incluso más profundos de lo que personalmente creía. Pero pensar que ya todo está solucionado es, siendo sinceros, un poco ingenuo.

Sin entrar en política, creo que hay dos factores clave que tienen que darse para que realmente exista una oportunidad de inversión sólida en Venezuela.

El primero, y más importante, son las garantías jurídicas. Hoy en día sigue existiendo un riesgo real de cambios de reglas, decisiones arbitrarias o expropiaciones. Y sin seguridad jurídica, cualquier inversión parte con una desventaja enorme.

El segundo es la estabilidad económica. Mientras exista una moneda que se devalúa constantemente, la rentabilidad de cualquier inversión se termina diluyendo. Por eso, para mí, una dolarización (o al menos un ancla monetaria fuerte) sería clave.

Aquí hago un pequeño inciso: me gustó una entrevista en la que María Corina tenía una postura a favor de Bitcoin desde el ámbito político, porque podría abrir la puerta a modelos distintos en el futuro. Y, como sabes, yo soy bastante pro-Bitcoin. Iniciativas como las de El Salvador o EEUU con la reserva estratégica en BTC podrían ser replicadas en Venezuela.

Dicho esto, si uno quiere pensar en inversión en Venezuela, hay que hacerlo con bastante criterio.

Primero, entendiendo algo básico: el patrimonio. Es decir, lo que tienes menos lo que debes.

Porque muchas veces se habla de “invertir en Venezuela” sin tener en cuenta que, si ya tienes una propiedad allí, ya estás invertido. Y dependiendo de tu situación, puede que estés incluso sobreexpuesto a una economía que sigue siendo muy volátil.

He visto propiedades que hace poco se ofrecían en 40.000 dólares y ahora están cerca del doble. Eso habla de la expectativa que hay, aunque otra cosa es que esas valoraciones estén totalmente justificadas.

El punto es: si ya tienes activos en Venezuela, eso cuenta. Y mucho.

A partir de ahí, veo tres formas de exponerse, cada una con sus matices.

La primera es, precisamente, a través de activos que ya tengas en el país, como una propiedad o un negocio. En muchos casos, eso ya es suficiente exposición, e incluso puede beneficiarse de una revalorización o de ingresos por renta.

La segunda —y probablemente la más interesante para la mayoría— es la inversión indirecta. Por ejemplo, a través de ETFs o empresas del sector energético.

Al final, gran parte de la economía venezolana gira en torno al petróleo. Es un país con enormes reservas, y eso lo convierte en un punto de interés para la inversión extranjera.

De hecho, buena parte de los movimientos geopolíticos de la salida de Maduro tienen que ver con eso.

Entonces, si tú inviertes en empresas petroleras o en ETFs del sector energético, y en algún momento esas empresas vuelven a operar con fuerza en Venezuela o se benefician de ese contexto, es lógico pensar que sus ingresos puedan crecer. Y si sus ingresos crecen, sus acciones también podrían reflejarlo.

Ojo, esto no significa que automáticamente vaya a pasar ni que sea una apuesta segura.

Pero sí es una forma de exponerte al posible crecimiento de Venezuela sin asumir el riesgo directo de invertir dentro del país.

Y la tercera opción sería invertir directamente en empresas que cotizan en la bolsa de Venezuela, como el caso de Ron Santa Teresa.

Pero aquí hay varias limitaciones importantes: es un mercado poco líquido, el acceso es bastante manual (cuentas en bancos locales, gestión directa con la bolsa, etc.) y, además, las acciones cotizan en bolívares.

Y volvemos al mismo problema: sin estabilidad monetaria, la inflación puede comerse cualquier rendimiento.

Entonces, sí, hay una narrativa de recuperación. Y probablemente tenga parte de verdad.

Pero también hay que entender el contexto.

Venezuela viene de una caída económica muy profunda. Entonces, ver crecimientos altos en porcentaje puede sonar muy bien, pero en muchos casos es simplemente un rebote desde niveles muy bajos.

No significa que el país esté, ni de cerca, al nivel de otras economías de la región.

Y para cerrar, te soy sincero: después de muchos años bastante desapegado del tema Venezuela, he vuelto a mirarlo con interés.

Creo que pueden aparecer oportunidades.

Pero más en un escenario de mediano o largo plazo.

Todavía tienen que pasar varias cosas para que invertir en Venezuela sea una decisión clara frente a otros países emergentes como México, Chile o Argentina, que, con todos sus problemas, hoy ofrecen un entorno más estable.

Así que, si te quedas con algo de esta carta, que sea esto: interés, sí… pero con criterio.

Y, sobre todo, entendiendo bien dónde te estás metiendo antes de invertir.

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