Antes que nada, quisiera empezar esta carta mandándoles un fuerte abrazo a todas las personas de Venezuela que la están leyendo.

Quise escribir estas líneas a raíz de los recientes acontecimientos ocurridos en el país. Ha sido un golpe muy duro para todos y, aunque muchos estamos lejos, la distancia no hace que duela menos. Al contrario. Batallar con la frustración, la impotencia y la ansiedad de no poder hacer mucho desde aquí ha sido bastante amargo.

De corazón espero que ustedes, sus familias y sus seres queridos estén bien. Y, sobre todo, les deseo mucha fuerza para afrontar lo que viene, porque siento que todavía no terminamos de dimensionar todo lo que queda por delante.

En el mundo de las inversiones existe un concepto conocido como el cisne negro. Se utiliza para describir aquellos eventos completamente inesperados que cambian las reglas del juego de un momento para otro. El atentado de las Torres Gemelas, la pandemia del COVID-19 o un terremoto de esta magnitud son ejemplos claros de ello.

Son sucesos que prácticamente nadie puede prever y que, por mucha planificación que tengamos, pueden cambiar el rumbo de nuestras vidas en cuestión de minutos.

Y justamente por eso siempre insisto en la misma idea: no se trata de intentar adivinar el futuro, sino de protegernos de él.

Nunca vamos a saber qué puede pasar mañana, pero sí podemos construir una estructura que nos permita afrontar mejor cualquier imprevisto. Y esa protección empieza por nosotros mismos, por nuestras familias y también por nuestro patrimonio.

Como siempre digo, antes de pensar en invertir, lo primero debería ser construir un colchón de emergencia. De poco sirve tener una cartera con muy buena rentabilidad si, cuando ocurre un imprevisto, nos vemos obligados a vender nuestras inversiones en el peor momento porque no tenemos otra fuente de la que disponer.

No quiero decir que en una situación extrema nunca haya que recurrir a las inversiones. Claro que puede pasar. Pero tener ese colchón de emergencia actúa como un primer escudo y nos da margen para tomar decisiones con mucha más tranquilidad. Dependiendo de cada persona, ese fondo puede representar entre tres meses y un año de gastos, pero lo importante es que exista.

También hay otro aspecto del que siento que se habla muy poco y que, sin embargo, cobra muchísimo sentido cuando ocurren tragedias como esta: proteger nuestra infraestructura personal.

Y con esto me refiero a cosas tan básicas como contar con un buen seguro médico, un seguro de vida o incluso un seguro de invalidez, que muchas personas ni siquiera saben que existe y que puede marcar una diferencia enorme si, por cualquier motivo, no podemos volver a trabajar durante un tiempo o de manera definitiva.

Pero quizás hay algo todavía más importante. Facilitarles las cosas a las personas que queremos.

Muchas veces dedicamos años a construir un patrimonio, pero nunca pensamos qué ocurriría si mañana nosotros no pudiéramos administrarlo. ¿Nuestra familia sabe dónde están nuestras inversiones? ¿Sabe cómo acceder a ellas? ¿Conoce dónde están las claves de una cartera de inversión o de una wallet de criptomonedas? ¿Tenemos la documentación de una vivienda al día o los papeles importantes organizados?

Son conversaciones incómodas y tareas que solemos dejar para después, pero precisamente situaciones como la que acabamos de vivir nos recuerdan que el "después" no siempre llega cuando nosotros queremos.

Al final, proteger el patrimonio no consiste únicamente en hacerlo crecer. También consiste en facilitar que, si algún día nosotros faltamos o no podemos ocuparnos de él, las personas que queremos tengan todo mucho más sencillo.

Quise escribir esta carta porque, más allá del análisis económico o financiero, creo que acontecimientos como este también nos recuerdan cuáles son las cosas realmente importantes y cómo podemos prepararnos un poco mejor para aquello que nunca podremos controlar.

Les mando un abrazo enorme. Muchísima fuerza para todos los que están viviendo este momento y espero de corazón que ustedes y sus familias estén bien.

Nos leemos en la próxima carta.

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