Una de las cosas que escucho con frecuencia cuando hablamos de inversión es que hace falta tener mucho dinero para empezar.

Hay personas que piensan que, si no tienen 10.000 o 20.000 euros ahorrados, no merece la pena invertir. Otras creen que, si solo pueden apartar 30 o 50 euros al mes, esa cantidad es tan pequeña que no va a cambiar nada.

Y, en parte, tienen razón: con pequeñas cantidades no te vas a hacer millonario de la noche a la mañana. Pero creo que esa no es la única razón por la que deberíamos plantearnos poner nuestro dinero a trabajar.

Hay algo que muchas veces olvidamos: el dinero que tenemos parado también puede perder valor.

El dinero que tienes en el banco también tiene un coste

Imagina que tienes 5.000 euros en una cuenta bancaria que no te genera ningún interés.

Hoy tienes esos 5.000 euros disponibles y puedes utilizarlos cuando quieras. Pero ¿qué ocurre si los precios suben un 3 % durante el próximo año y tu dinero sigue siendo el mismo?

Que esos 5.000 euros seguirán siendo 5.000 euros, pero podrás comprar menos cosas con ellos.

La inflación hace que nuestro dinero pierda capacidad de compra cuando no obtenemos una rentabilidad que compense esa subida de los precios.

Y no hace falta que te lo explique con fórmulas económicas. Basta con ir al supermercado y comprobar cómo, con el paso del tiempo, la misma compra cuesta cada vez más.

Por eso, cuando hablamos de ahorrar, no deberíamos fijarnos únicamente en cuánto dinero tenemos acumulado, sino también en lo que podemos comprar con él.

Eso no significa que todo nuestro dinero deba estar invertido. Necesitamos mantener una cantidad disponible para los imprevistos y para los gastos que podamos tener a corto plazo. Pero, para el dinero que no vamos a necesitar durante un tiempo, merece la pena valorar si existe alguna alternativa adecuada para ponerlo a trabajar.

Empieza con lo que puedas

Volvamos al ejemplo de los 30 o 50 euros al mes.

Es verdad que no parece una cantidad capaz de cambiar nuestra situación financiera. Pero hay dos cosas que me parecen importantes.

La primera es el hábito. Si empiezas a destinar una pequeña cantidad todos los meses, estás aprendiendo a incorporar la inversión a tu organización financiera. Y, si con el tiempo aumenta tu capacidad de ahorro, puedes aumentar también esa cantidad.

La segunda es que estás empezando a construir patrimonio. No necesitas perseguir rentabilidades extraordinarias ni encontrar la próxima gran inversión. Se trata de entender tus objetivos, conocer los riesgos y buscar alternativas que tengan sentido para ti.

Eso sí, invertir no es lo mismo que tener el dinero en una cuenta: el valor de una inversión puede bajar y puedes perder parte del capital. Por eso, antes de dar el paso, conviene tener una base de ahorro para imprevistos y elegir una opción acorde con tu situación y tu horizonte temporal.

Piensa en tu dinero como pequeños soldados

Hay una imagen que me gusta utilizar para explicar esto: imagina que cada euro es un pequeño soldado que trabaja para ti.

Cuando tienes dinero ahorrado, esos soldados están a tu disposición. Pero también puedes buscar formas de poner a trabajar a una parte de ellos para que te ayuden a proteger y hacer crecer tu patrimonio.

Y, como ocurre con cualquier equipo, hay que cuidarlos, saber qué trabajo les encargamos y no ponerlos en situaciones que no podemos asumir.

No se trata de exigirles que consigan una rentabilidad espectacular. En ocasiones, conseguir una rentabilidad razonable, después de costes e impuestos, que supere la inflación ya puede ayudarte a mantener o aumentar tu poder adquisitivo.

No hay garantías de conseguirlo, pero sí podemos aprender a tomar decisiones más conscientes sobre nuestro dinero.

No esperes a tener mucho para empezar

Si hoy puedes ahorrar 30 o 50 euros al mes, no menosprecies esa cantidad. Quizás no cambie tu vida de inmediato, pero puede ser el comienzo de un hábito que te acompañe durante muchos años.

Lo importante es empezar por ordenar tus finanzas, tener claro para qué quieres ese dinero y decidir qué parte puedes destinar a objetivos de largo plazo sin comprometer tu tranquilidad financiera.

Porque invertir no consiste únicamente en intentar ganar más dinero. También consiste en pensar qué queremos que nuestro dinero pueda hacer por nosotros en el futuro.

Y tú, ¿estás esperando a tener más dinero para empezar a invertir o ya has comenzado a poner una parte de tus ahorros a trabajar?

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Actualmente soy asesor en el departamento de planificación financiera de MAPFRE.

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